Amanecía.
Miré hacia atrás y observé árboles viejos y torcidos. Hacía mucho frío. Me pregunté:
“¿Qué hacía yo aquí?”
Decidí caminar más rápido. A mi paso, encontré un peñón enorme y algunos álamos y coníferas que parecían llevar allí siglos. Todo el lugar parecía antiguo, como si el tiempo se hubiera detenido.
Mientras avanzaba, noté que alguien venía detrás de mí. Era un niño pequeñísimo, con ropas extrañas y un aire diferente, casi como salido de otro mundo.
-¿Qué hacías ahí atrás? —le pregunté.
-Recogía maíz —contestó débilmente.
-¿Solo tú? —insistí.
-Sí —dijo, bajando la mirada.
-Adiós, pequeñín —murmuré mientras seguía mi camino, sin dejar de preguntarme quién
sería ese extraño niño.
A lo lejos, apareció un alcázar antiguo, rodeado de niebla y árboles gigantes. Un escalofrío recorrió mi espalda; el frío parecía más intenso cerca de aquel lugar.
¿Qué secretos guardaría aquel castillo olvidado?
De repente, escuché un estrépito detrás de mí. Me detuve un instante, pero no miré. Sentí miedo, pero continué caminando, decidido a descubrir lo que aquel lugar ocultaba.
(Imagen creada por Luis López ©️2025-2026)

